A un siglo de la Gran Guerra 1914 -1918
Aunque todavía los soldados andaban a caballo, la guerra supuso un salto en la tecnología bélica, ya que se emplearon por primera vez armas químicas, aviones, submarinos y tanques, y los combates de trincheras causaron un alto costo en vidas humanas en las batallas de Verdún y del Somme (1916). "Los soldados de Verdún no conservaban ya sus ilusiones de juventud. No pensaban que iban a ganar la guerra en una sola batalla, pero tenían al menos la certeza de que los alemanes no pasarían", dice el historiador francés Marc Ferro, en su libro "La Gran Guerra 1914-1918".
Durante cuatro años se movilizaron más de 70 millones de hombres, de los cuales murieron unos diez millones, otros 21 millones resultaron heridos y 7,7 millones fueron dados por desaparecidos o cayeron prisioneros, según informes de la Enciclopedia Británica. Alemania era la más poderosa de las potencias europeas, después de vencer al imperio austríaco en 1866 y a Francia en la Guerra Franco-Prusiana (1870-1871), cuando los franceses perdieron las regiones de Alsacia y Lorena.
Rusia, después de su derrota ante Japón en la Guerra Ruso-Japonesa, sufrió el primer levantamiento obrero-campesino contra el régimen zarista en 1905. Según algunos historiadores, Alemania empezó a prepararse para la guerra en 1904, luego de que Francia y Gran Bretaña firmaran un pacto de colaboración. El plan alemán fue encargado al jefe del Alto Estado Mayor, Alfred von Schlieffen, quien preveía atacar a Francia a través de Bélgica y entrar a París por el oeste. Sin embargo, en la primera batalla del Marne (1914), las líneas defensivas aliadas fueron estabilizadas en Francia y se inició una guerra de desgaste. Las fuerzas rusas invadieron Prusia Oriental y la Polonia alemana (1914), pero fueron detenidos por las fuerzas alemanas y austríacas en la batalla de Tannenberg. El ejército ruso se vio luego obligado a detenerse y posteriormente a retroceder.
El descontento de los rusos ante las privaciones provocadas por la guerra y causas sociales de vieja data condujeron a la Revolución Rusa de octubre de 1917. Rusia se convertirá luego en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El 9 de noviembre de 1918 abdicó el káiser Guillermo II y dos días después se firmó un armisticio que dio fin a la guerra y formalizó como vencedores a los Aliados. Francia recuperó las regiones de Alsacia y Lorena, en tanto Alemania perdió sus colonias y debió reducir su ejército y su flota.
Al desintegrarse el Imperio Austro Húngaro surgieron nuevas naciones como Checoslovaquia, Yugoslavia y Hungría.La Primera Guerra Mundial se llevó la vida de 10 millones de personas y dejó a Europa en ruinas. Supuso también un salto tecnológico: por primera vez se usaron aviones, submarinos y tanques, y se masificaron las transfusiones sanguíneas gracias al argentino Luis Agote.
Bandos en conflicto
En la guerra se vieron involucradas todas las grandes
potencias industriales y militares de la época, divididas en dos alianzas
opuestas. Por un lado se encontraba la Triple Alianza, formada por las
Potencias Centrales: el Imperio alemán y Austria-Hungría. Italia, que había
sido miembro de la Triple Alianza junto a Alemania y Austria-Hungría, no se
unió a las Potencias Centrales, pues Austria, en contra de los términos
pactados, fue la nación agresora que desencadenó el conflicto.
Por otro lado existía la Triple Entente, formada por el
Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios y
fueron varias las naciones que acabarían ingresando en las filas de uno u otro
bando según avanzaba la guerra: Italia, Japón, el Reino Unido y Estados Unidos
se unieron a la Triple Entente, mientras el Imperio Otomano y Bulgaria se
unieron a las Potencias Centrales (Triple Alianza). En total, más de 70
millones de militares, incluyendo 60 millones de europeos, se movilizaron y
combatieron en la guerra más grande de la historia.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria.
El evento detonante del conflicto fue el asesinato del
archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, Sofía Chotek, en Sarajevo
el 28 de junio de 1914 a manos del joven estudiante nacionalista serbio Gavrilo
Princip, miembro del grupo serbio "Joven Bosnia", ligado al grupo
nacionalista Mano Negra, que apoyaba la unificación de Bosnia con Serbia.
Francisco Fernando era el heredero de la corona austro-húngara después de la
muerte de su primo, Rodolfo de Habsburgo (en 1889) y de su padre Carlos Luis de
Austria (en 1896). Su asesinato precipitó la declaración de guerra de Austria
contra Serbia que desencadenó la Primera Guerra Mundial.
El Imperio austrohúngaro exigió, con el apoyo del Imperio
alemán, investigar el crimen en territorio serbio, ya que consideraba que la
organización paneslavista Mano Negra tenía conexión con los servicios secretos
de ese país. El Imperio Austrohúngaro dio un ultimátum el 7 de julio a Serbia,
la que con apoyo ruso no aceptó todas las condiciones impuestas, en particular
la participación de policías austríacos en investigaciones en territorio
serbio.
Ante dicha negativa, el 28 de julio de 1914, Austria-Hungría
declaró la guerra a Serbia. El 28 de julio, los austro-húngaros iniciaron las
hostilidades con el intento de invasión de Serbia.
Frente Occidental
Mientras Rusia se movilizaba, Alemania invadió Bélgica, que
se había declarado neutral, y Luxemburgo en su camino a Francia. La violación
de la soberanía belga llevó al Reino Unido a declarar la guerra a Alemania. Los
alemanes fueron detenidos por los franceses a pocos kilómetros de París,
iniciándose una guerra de desgaste en las que las líneas de trincheras apenas
sufrirían variación alguna hasta 1917. Este frente es conocido como Frente
Occidental.
Batalla de Verdún
La Batalla de Verdún fue la más larga batalla de la Primera
Guerra Mundial y la segunda más sangrienta tras la Batalla del Somme. En ella
se enfrentaron los ejércitos francés y alemán entre el 21 de febrero y el 19 de
diciembre de 1916, alrededor de Verdún, en el nordeste de Francia. El resultado
fue un cuarto de millón de muertos y alrededor de medio millón de heridos entre
ambos bandos.
La batalla se popularizó por el famoso «¡No pasarán!» dicho
por el comandante francés Robert Nivelle.
Después de que los alemanes fracasaran en conseguir una
victoria rápida sobre Francia, la lucha en el frente occidental se convirtió en
una guerra de trincheras.
En 1915 el comandante en jefe alemán Erich von Falkenhayn
planeó un ataque a Francia, desoyendo los consejos de Hindenburg, que prefería
terminar totalmente con el frente ruso y esperar a que Serbia fuera también
definitivamente aplastada. El plan consistía en una guerra de desgaste contra
las tropas francesas para conseguir el mayor número de bajas de soldados y de
material.
En 1914, durante la invasión alemana de Francia, un saliente
fue creado alrededor de Verdún a raíz de la primera batalla del Marne (5 a 12
de septiembre) y la captura de Saint-Mihiel (el 24 de septiembre). Aunque
algunos fuertes fueron sometidos a fuego de artillería Big Bertha, las
fortificaciones no se vieron amenazadas, ante una posible conquista alemana.
El corazón de la ciudad de Verdún era una ciudadela
construida por Vauban en el siglo XVII. A finales del siglo XIX, también se
había edificado un gran complejo subterráneo que sirvió como cuartel para las
tropas de dentro de la ciudad. A unos 8 kilómetros de los muros de la ciudad
existía un anillo circular exterior de 18 grandes fortalezas (12 fuertes
menores no habían sido terminados), muchas de ellas con rotación de torres
equipadas con artillería de 75 mm corto y cañones de 155mm. Este anillo de 18
grandes fortalezas debían proteger Verdún; además se habían construido a un
gran costo, durante la década de 1880 y de acuerdo a las especificaciones de la
Séré de Rivières. Los fuertes de Verdún fueron variables en calidad y tamaño, y
por lo tanto siempre tuvieron potencial desigual para resistir bombardeos con
artillería pesada.
Los fuertes situados al norte y al este de Verdún (por
ejemplo, Fort Douaumont, Fort Vaux, Moulainville) se habían reforzado durante
1900 con acero de gran espesor además de tapas de hormigón apoyadas sobre un
"cojín" de arena. Los fuertes mejorados también habían sido equipados
con cañones de asalto regular de 75 mm instalados en refugios también
reforzados, proporcionando así fuego de acompañamiento a través de los
intervalos entre los fuertes. Sin embargo, varias grandes fortalezas
construidas durante la década de 1880 en el anillo de defensa del oeste y el
sur de Verdún (por ejemplo, La Chaume, arrepentimiento, Belrupt-en-Verdunois),
nunca habían sido mejoradas. Las predicciones intuían que el asalto alemán
vendría del este y el norte, lo cual resultó ser correcto.
Estrategia alemana
El Jefe del Estado Mayor alemán, Erich von Falkenhayn, creía
que, si bien un gran avance no era posible, el ejército francés todavía podía
ser derrotado en el caso de sufrir un número "enorme" de víctimas.
Explicó que su motivación para la batalla, en la que se atacaría una posición
desde la cual el ejército francés no solo no podía retroceder tanto por razones
estratégicas como por razones de orgullo nacional, sino que además lanzaría a
todas su unidades a la defensa por el valor estratégico y simbólico de la
plaza. Era su principal baza.
Verdún, rodeado por un anillo de fortificaciones, aparte de
ser una importantísima fortaleza, era un saliente que se proyectaba en las
líneas alemanas y bloqueaba una importante línea de ferrocarril que conducía
directamente a París. Sin embargo, a principios de 1916, gran parte de las
fortalezas de Verdún se habían visto muy debilitadas. Joffre recordó entonces
la caída fácil de las fortalezas belgas de Lieja y Namur, señalando que este
tipo de sistema defensivo estaba obsoleto y no podría soportar los bombardeos
de la artillería pesada alemana. En consecuencia, durante el año 1915, el
sector de Verdún fue despojado de más de 50 baterías completas y 128.000
cartuchos de munición de artillería. Este proceso de extracción aún estaba en
curso a finales de enero de 1916. En ese momento, las 18 principales fortalezas
y otras baterías que rodeaban Verdún se quedaron con menos de 300 armas y
municiones limitadas. Además, sus guarniciones se habían reducido a pequeñas
cuadrillas de mantenimiento.
Falkenhayn eligió Verdún por ser un lugar en el que las
circunstancias materiales a favor de una ofensiva alemana daban grandes
posibilidades de éxito: Verdún estaba aislada en tres lados y las
comunicaciones ferroviarias en la retaguardia francesa eran restringidas. Por el
contrario, una vía de ferrocarril controlada por los alemanes estaba a sólo 20
km al norte de sus posiciones. Falkenhayn esperaba una favorable relación entre
las bajas alemanas y francesas (es más, los alemanes estimaron que la batalla
tendría una relación de 1 baja alemana por cada 2,5 francesas).
El sector de Verdún estaba muy mal defendido en 1916 porque
la mitad de la artillería en los fuertes se había retirado en 1915, dejando
sólo las armas pesadas en las torretas retráctiles. Los cañones de 75mm, muy
eficaces en las "Casamatas de Bourges", habían sido repartidos.
Además, no había cinturones de alambre de espino en torno a los fuertes y la
mayoría de las armas de los fuertes todavía estaban en el almacén subterráneo.
Por una casualidad de la incoherencia burocrática, los fuertes habían sido
puestos bajo el control de un general que no había informado al comandante
local del sector militar de Verdún. En su lugar, recibió sus órdenes
directamente de la Sede en París. En consecuencia, cuando el comandante en
funciones del sector militar de Verdún se presentó para inspeccionar Douaumont,
un mes antes de la batalla, se le negó el acceso a la fortaleza por no llevar
las autorizaciones necesarias. En febrero de 1916, la inteligencia francesa
descubrió los preparativos de Alemania pero un retraso en el ataque debido al
mal tiempo dio al alto mando francés tiempo para enviar dos divisiones a la
defensa de la zona. La fuerza francesa en Verdún constaba en ese momento de 34
batallones frente a los 72 batallones de Alemania, por lo tanto,
aproximadamente la mitad que la de su agresor. La artillería francesa estaba
aún más en desventaja: cerca de 300 armas de fuego, la mayoría cañones de 75 mm
de campaña, en comparación con 1400 armas por parte alemana, la mayoría de
ellas pesadas y superpesadas, incluidos 16 morteros.
Febrero – Abril de 1916
El Alto Mando alemán pretendía lanzar la ofensiva el 12 de
febrero. Sin embargo, la niebla, la lluvia y los fuertes vientos retrasaron la
ofensiva durante una semana, por lo que la batalla comenzó el 21 de febrero
1916 a las 7:15 de la mañana con unas diez horas de bombardeo de artillería que
disparó más de 1.000.000 de proyectiles (incluyendo gas venenoso) de 1.400
armas de fuego, la mayoría de ellos obuses pesados, en un frente de 40 km. Este
incesante golpear o "Trommelfeuer" (fuego graneado) fue el más
intenso y la preparación artillera más larga infligida desde el comienzo de la
Primera Guerra Mundial. El ruido que produjo se oyó como un estruendo hasta 100
km de distancia. Esta preparación masiva fue seguida por un ataque de tres
cuerpos de ejército (III, VII y XVIII). Los alemanes utilizaron lanzallamas por
primera vez para limpiar las trincheras francesas. Tropas de asalto
recientemente llegadas al frente lideraron el ataque con rifles colgados, la
primera vez en la guerra. Esta combinación de artillería y tácticas de choque
de infantería en esa escala eran nuevos para los defensores franceses y les
hizo perder mucho terreno al principio.
Hasta el 22 de febrero, las tropas de choque alemanas habían
avanzado 5 km al capturar el "Bois des Caures", en el borde de la
aldea de Flabas, después de que dos batallones franceses, encabezados por el
coronel Émile Driant, hubieran mantenido la posición durante dos días.
Esto impulsó a los defensores franceses de vuelta a
Samogneux, Beaumont y Ornes. Más tarde ese mismo día murió el coronel Émile
Driant, fusil en mano, luchando junto con 56 fusileros y 159 cazadores. Sólo
118 cazadores lograron escapar. Hasta el momento, las malas comunicaciones no
habían permitido al alto mando francés saber la gravedad de la batalla; sólo
entonces el alto mando francés se dio cuenta de la gravedad del ataque.
El 24 de febrero, los defensores franceses del XXX Cuerpo de
Ejército bajaron de nuevo de su segunda línea de defensa, pero se salvaron de
la catástrofe por la aparición del XX Cuerpo al mando del general Maurice
Balfourier. Ideado como ayuda de emergencia, los recién llegados fueron
lanzados al combate inmediatamente. Esa noche, el jefe del Ejército francés, el
general Edouard de Castelnau, aconsejó a su comandante en jefe, el general
Joffre, que el II Ejército francés, a las órdenes del general Philippe Pétain,
debía ser llevado a reforzar el sector de Verdún. Mientras tanto, los alemanes
estaban en posesión de Beaumont, el Fosses des Bois, el Caurières des Bois y se
movían por la quebrada Hassoule que conducía directamente a Fort Douaumont.
El 24 de febrero, a las 4:30 de la tarde, tres compañías de
infantería alemanas (regimiento de Brandeburgo), entraron en el fuerte central
del sistema de fortificación francés: Fort Douaumont. El primer batallón en
encontrar una entrada en el fuerte fue dirigido por el sargento Kunze. Fue
seguido por otros invasores al mando del teniente primero Cordt von Brandis, el
teniente Radtke y el capitán Haupt. El conjunto de soldados alemanes estaba formado
por sólo 19 oficiales y 79 soldados. Rápidamente abrumada, la pequeña
guarnición francesa (68 hombres) se rindió.
Douaumont era conocida como la mayor fortaleza del sistema
defensivo de Verdún. Había sido construida antes de la guerra para mantener una
guarnición de 477 hombres y 7 suboficiales. También poseía dos torres
giratorias de artillería, 4 cañones de 75 mm, 2 a cada lado. Sin embargo, la
realidad de la situación de Douaumont, en febrero de 1916, era muy diferente.
En primer lugar, el militar de mayor graduación presente en Fort Douaumont era
un suboficial llamado Chenot y por lo tanto fue su comandante. Otro dato
negativo para los defensores franceses fue que sólo una torreta giratoria, de
las cuatro existentes, estaba bien armada y contaba con una dotación de
artilleros. El puente levadizo, que había quedado inmovilizado en la posición
hacia abajo por un proyectil alemán, nunca había sido reparado. Todos los
cañones de la fortaleza de 75mm en bunkers laterales habían sido retirados en
1915, a raíz de las órdenes dadas por el general Joffre. Los fosos del fuerte
fueron básicamente dejados sin defensa y se habían hecho preparativos para
volar la fortaleza desde el interior. El capitán Haupt, por ser el oficial
superior en el ataque, tomó el mando de la fortaleza después de que Douaumont
fuera capturada. Sin embargo, fue herido la mañana siguiente y tuvo que delegar
su mando al teniente primero von Brandis. Tanto von Brandis como Haupt ganaron
la más alta condecoración militar de Alemania, la Pour le Mérite, por el
extraordinario coraje y la iniciativa que habían demostrado durante esta
acción. Von Brandis, que hablaba francés con fluidez, también había desempeñado
un papel clave para convencer a la pequeña guarnición de la fortaleza que se
rindiera. Al final, la recaptura de Fort Douaumont, el 24 de octubre de 1916,
se estimó en una fecha posterior que costó al ejército francés al menos 100.000
víctimas.
Castelnau nombró al general Philippe Pétain comandante de la
zona de Verdún y ordenó al II Ejército francés al sector de la batalla. Pétain
se hizo cargo el 25 de febrero y decidió que los defensores de los fuertes de
Verdún deberían volver a una guarnición para formar los baluartes principales
de una nueva defensa. Se trazaron nuevas líneas de resistencia en ambas orillas
del Mosa y se dieron órdenes para un puesto de aluvión que se estableció a
través de Avocourt, Fort-de-Marre, a las afueras de Verdún y Fort du Rozellier.
Los defensores de la línea Douaumont fueron divididos en cuatro sectores, y a cada
sector se le encomendaron nuevas tropas francesas. Su principal tarea era
retrasar el avance alemán con contraataques.
El 29 de febrero, el ataque alemán se ralentizó en el pueblo
de Douaumont por las intensas nevadas y una defensa tenaz de los franceses del
33.° Regimiento de Infantería, que había sido mandado en persona por el
Mariscal Petain en los años anteriores a la guerra. El capitán Charles de
Gaulle, el líder de la futura "Resistencia Francesa" (en la Segunda
Guerra Mundial) y Presidente de Francia, era un comandante de compañía en este
regimiento y fue hecho prisionero cerca de Douaumont durante la batalla. Esta desaceleración
dio tiempo a Francia para reforzar con 90.000 hombres y 23.000 toneladas de
municiones por el ferrocarril de Bar-le-Duc a Verdún. Esto fue cumplido en gran
medida por la "noche sin interrupciones", y de transporte por
camiones durante todo el dìa por una estrecha carretera del departamento, la
llamada "Voie sacrée". La línea ferroviaria que atravesaba Verdún, en
tiempos de paz, había quedado interrumpida desde 1915.
Como en tantas ofensivas anteriores en el frente occidental,
los asaltantes alemanes habían perdido efectividad artillera por avanzar
demasiado rápido en las primeras etapas del ataque. El campo de batalla se
convirtió en un mar de lodo a causa de los continuos bombardeos, por lo que era
más y más difícil para la artillería alemana avanzar en este terreno muy
montañoso. El avance hacia el sur de la infantería alemana también atrajo a la
artillería de campaña francesa en la orilla opuesta del río Mosa. Cada nuevo
avance hacia el sur, hacia la ciudad de Verdún, se hizo más y más costosa que
las anteriores, como el calvario del V Ejército alemán, cuyos efectivos fueron
abatidos por la artillería de Pétain que se había concentrado en el frente, a
la orilla occidental del río Mosa. Cuando el pueblo de Douaumont fue finalmente
capturado por la infantería alemana, el 2 de marzo de 1916, cuatro regimientos
de infantería alemana habían sido prácticamente aniquilados.
Al no poder seguir avanzando de frente hacia Verdún, los
alemanes lanzaron una nueva ofensiva, atacando en la orilla oeste o margen
izquierda, del río Mosa, en las colinas de Cumières-le-Mort-Homme, el 6 de
marzo y Cota 304, el 20 de marzo. En el ataque de la artillería alemana
participaron cerca de 800 armas pesadas que dispararon un número de proyectiles
cercano a los 4 millones de disparos y transformaron las dos colinas en sendos
volcanes de lodo y rocas. La parte superior de la Cota 304 había bajado de 304
m a 300 m, según los análisis posteriores a la guerra. Cumières-le-Mort-Homme
estuvo protegido activamente por los cañones franceses que habían obstaculizado
el progreso alemán hacia Verdún en la margen derecha.
Después de atacar la Corbeaux des Bois y destruir a varios
batallones franceses, los alemanes lanzaron un nuevo asalto a
Cumières-le-Mort-Homme el 9 de marzo, esta vez en la dirección de Béthincourt
hacia el noroeste. Durante este avance victorioso, también habían capturado los
pueblos destruidos de Cumières y Chattancourt.
Mayo - Junio de 1916
En mayo de 1916, el evento principal fue el intento fallido
de Francia de volver a ocupar Fort Douaumont. El asalto había sido planeado por
el recién ascendido general Robert Nivelle y ejecutado en un frente muy
estrecho bajo la dirección del General Charles Mangin. Se trataba de tres
Divisiones de infantería con el apoyo de 300 cañones, desde el cañón de 75 mm
de campaña pesados de 6 pulgadas (150 mm) y los obuses de 12 pulgadas (300 mm).
El asalto comenzó el 22 de mayo después de una preparación de artillería
masiva. A los tres días, el intento francés había fracasado a pesar de que la
infantería francesa había ocupado la superestructura de Fort Douaumont más de
12 horas. Mangin fue acusado del fracaso y se negó a realizar otro intento. Más
arriba, Pétain también se negó a apoyar un nuevo intento de recuperar
Douaumont, invocando insuficiente disponibilidad de artillería pesada en el
momento.
Más tarde, en mayo de 1916 los alemanes atacaron el Paso del
Margen Izquierdo (Mort-Homme y Cota 304) (la orilla derecha), al sur de Fort
Douaumont. Encontraron un enfoque en Fort Vaux, que fue bombardeado
continuamente por más pesados cañones de asedio alemán. Se inició el asalto
final el 1 de junio por cerca de 10.000 tropas de choque de Alemania, que
ocupaban la parte superior de la fortaleza. Sin embargo, las casamata
subterráneas de Fort Vaux aún permanecían en manos de los franceses al
finalizar la lucha durante cinco días, barricada por barricada, en los
estrechos pasillos de la fortaleza. La guarnición francesa de Fort Vaux,
dirigida por Raynal, finalmente se rindió el 7 de junio cuando los defensores
se habían quedado sin agua. Hasta este punto, las pérdidas habían sido
terribles en ambos lados. El General Pétain había intentado reservar a sus
tropas, permaneciendo a la defensiva, pero había sido relevado el 1 de mayo de
su jefatura de Verdún y promovido para dirigir el conjunto del Grupo de
Ejércitos Centro, incluyendo el sector de Verdún. El General Pétain había sido
reemplazado por uno de mentalidad más ofensiva, el general Robert Nivelle, un
hombre de formación y con más experiencia en batallas.
Julio de 1916
El movimiento táctico del ejército alemán era continuar
presionando hacia el sur, en la margen derecha del río Mosa, hacia la ciudad de
Verdún. Como preliminar, el 21 de junio, tropas de asalto alemanas (60.000
hombres) tomaron el reducto de Thiaumont y el pueblo en ruinas de Fleury. Pero
justo antes de la bajada hacia Verdún había una barrera final que tuvo que
superar: Fort Souville. Fue una segunda línea de fortificación cuyos niveles
superiores ya se habían reducido a escombros por los obuses pesados alemanes,
ahorrándose solo los corredores más profundos de la fortaleza. A fin de
prepararse para el asalto a Souville, los alemanes trataron, a partir del 10 de
julio, de incapacitar a la artillería francesa con más de 60.000 proyectiles de
gas difosgeno (el llamado "Green Cross Gas"). Estos fueron en gran
parte ineficaces, dado que los franceses, por pura casualidad, acababan de ser
equipados con su último tipo de máscara antigás (la máscara M2).
Mientras tanto, las armas pesadas alemanas martilleaban Fort
Souville y sus accesos con más de 300.000 proyectiles. Sin embargo, cuando
llegó el momento del asalto, el camino que llevaba al Fuerte Souville se había
reducido y llegó a ser demasiado apretado para la infantería alemana, que llegó
bajo un fuego devastador de la artillería francesa. Lo que quedaba de las
tropas de asalto alemánas (Baviera y Alpen Korps) fue aún más reducido por
artilleros franceses que habían surgido de las ruinas de la fortaleza y tomado
posiciones sobre su superestructura. Menos de un centenar de soldados de
infantería alemana se las ingeniaron para escapar de su fuego y lo hizo a la
parte superior de la fortaleza, el 12 de julio. Desde esa posición, podían ver
los tejados de la ciudad de Verdún y la torre de su catedral. Pero al ser
diezmados por granadas de mano y con retraso por una artillería de 75 mm de
aluvión que cayó sobre el fuerte, tuvieron que retirarse a sus líneas o
rendirse. Así, el 12 de julio de 1916 en la mañana, Fort Souville se convirtió
en el máximo marco histórico de la ofensiva alemana sin éxito contra Verdún.
Fort Souville, la superestructura profundamente marcada de que es sólo
parcialmente visible en la actualidad a causa de su estructura llena de
cráteres de proyectiles y una densa vegetación, es uno de los más terribles y
también uno de los sitios más peligrosos de el campo de batalla de Verdún.
Mientras Souville se encontraba resistiendo el asalto, la
apertura de la batalla del Somme, el 1 de julio de 1916, había obligado a los
alemanes a retirar algunas de sus piezas de artillería de Verdún para
contrarrestar la ofensiva anglo-francesa en el norte. La batalla del Somme fue
lanzada en parte por los Aliados para tratar de quitar algo de la presión de
los franceses en Verdún.
A finales de 1916, las tropas alemanas estaban agotadas, y
Falkenhayn había sido sustituido como Jefe del Estado Mayor General por Paul
von Hindenburg. Adjunto de Hindenburg, el Jefe del Cuartel general Erich
Ludendorff, pronto adquirió un poder casi dictatorial en Alemania.
Contraofensivas francesas desde finales de 1916 hasta 1917
El ejército francés lanzó una importante contraofensiva para
recuperar Douaumont en octubre de 1916. Su máximo precursor fue el general
Nivelle, un comandante experimentado en el uso masivo de la artillería. La
preparación, que duró seis días, consumió 530.000 proyectiles de artillería de
75 mm además de 100.000 proyectiles de 155 mm, sin contar los calibres más
pesados. El asalto final al Fort Douaumont fue llevado a cabo por un ataque
combinado de infantería después de un progresivo avance de la artillería
programado para mantener a los artilleros enemigos en posiciones algo
retrasadas. Los alemanes evacuaron en parte Douaumont, que fue capturado el 24
de octubre por la infantería de marina francesa y colonial. El 2 de noviembre,
los alemanes evacuaron Fort Vaux, que también había recibido disparos y ataques
de las 400 armas francesas de la zona. Una ofensiva más amplia, planeada por el
general Nivelle y ejecutada por el general Mangin, comenzó el 15 de diciembre y
se dirigió contra los alemanes cerca de sus líneas de febrero de partida
inicial. En 36 horas los franceses habían capturado 11.387 alemanes, incluidos
284 agentes, y capturaron 115 piezas de artillería. Cuando algunos oficiales
alemanes de alto rango se quejaron a Mangin por su falta de humanidad durante
el cautiverio, les respondió (traducido del francés): "Nosotros lo
lamentamos, señores, pero no nos lo esperábamos de muchos de ustedes." Sin
duda, la moral alemana en Verdún había comenzado a deteriorarse tras el fracaso
de Fort Souville y luego después de la pérdida de Fort Douaumont.
Una ofensiva francesa limitada en la margen izquierda, en
agosto de 1917, prevista por el general Pétain, se llevó a cabo con una
abrumadora superioridad de artillería pesada, siendo rápidamente recuperados en
las colinas de Mort-Homme, así como Cota 304. Más tarde, en 1918 y hasta el
armisticio, el sector de Verdún siguió siendo una zona de combate activo, donde
los dos adversarios nunca dejaron de enfrentarse, con la pérdida de numerosas
vidas en acciones locales.
Un cierto descontento había empezado a propagarse entre los
combatientes franceses en el campo de batalla de Verdún en el verano de 1916.
Los signos, interceptados en el correo de los soldados y por escuchas en las
zonas de descanso, pasaron de un cansancio tranquilo a manifestaciones abiertas
de desprecio por el alto mando y los políticos. Por otra parte, la salida del
general Pétain de su comandancia de Verdún el 1 de junio de 1916 y su reemplazo
por el general Nivelle había tenido un impacto negativo en la moral de los
soldados. Sólo diez días después de la sustitución de Pétain por Nivelle, dos
tenientes franceses, Henri Herduin y Pierre Millant, fueron ejecutados por un
pelotón de fusilamiento el 11 de junio de 1916, en Fleury-devant-Douaumont. Las
ejecuciones fueron ilegales, ya que se habían llevado a cabo sin sentencia
judicial adecuada, sólo con el consentimiento de Nivelle. Herduin y Millant
habían regresado, desde sus posiciones, junto con los pocos sobrevivientes de
su división, puesto que habían recibido ayuda hacía hace mucho tiempo y se
habían quedado sin municiones. Diez años más tarde, en 1926, y después de una
investigación que se convirtió en una "causa célebre", el teniente
Herduin y el teniente Millant fueron totalmente exonerados, y sus registros
oficiales militares cancelados. El último gran combate en el sector de Verdún
tuvo lugar durante la ofensiva Meuse-Argonne por las Fuerzas Expedicionarias
Americanas (AFI) a partir del 12 de septiembre.
El fin de la Batalla
El objetivo alemán de infligir bajas desproporcionadas en el
ejército francés en Verdún nunca se logró. Las pérdidas del ejército francés en
Verdún eran altas, pero sólo ligeramente superiores a las pérdidas alemanas.El
general (más tarde mariscal) Philippe Pétain estaba reservando a sus tropas y
sólo las envió después de 2-3 semanas en las líneas del frente. No obstante,
logró mantener por lo menos once divisiones de Francia (más de 100.000 hombres)
en pleno funcionamiento en el campo de batalla de Verdun, en cualquier momento
dado. Gracias al sistema de rotación de Pétain, el 70% del ejército francés
pasó por "el escurridor de Verdún", frente a sólo el 25% de las
fuerzas alemanas. El General Pétain había sido siempre un firme partidario del
poder de fuego de artillería. Su pre-dictamen de la guerra: "le feu
mar" o "poder de fuego mata" también fue el meollo de su
estrategia en Verdún. En junio de 1916, la artillería francesa en Verdún había
aumentado a 2.708 armas de fuego, incluyendo 1.138 de 75 mm cañones de campaña
que fueron muy eficaces. Para abrir sus reuniones de personal por la mañana, el
general Pétain hacía siempre la misma pregunta: "¿Cuál es nuestro número
de artillería o que está haciendo nuestra artlleria?
El éxito del sistema de fortificación fijo, condujo a la
adopción de la Línea Maginot, como base del sistema defensivo a lo largo de la
frontera franco-alemana durante los posteriores a la guerra. En realidad,
durante la Batalla de Verdún, la artillería Francesa de campaña convencional se
congregaron en la apertura superarando a las armas con torreones en los fuertes
Verdun por un factor de al menos cincuenta a uno. hecho, posterior a la guerra,
las estadísticas confirman que se congregaron piezas artillería francesa y
varios cañones de tren infligieron más del 70% de las bajas infligidas a los
agresores alemanes en Verdún. La Infantería de armas pequeñas y algunas armas
torreones en los fuertes en cuenta para la mayoría de los demás. Unos veinte
años después, la línea Maginot sufrido el mismo error conceptual, como los
fuertes de Verdun: armas de fuego en torreta muy pocos en relación con el
enorme volumen de hormigón y acero que se necesita para apoyar a estas
instalaciones en su mayoría bajo tierra. Sin embargo, la batalla de Verdún
siguió siendo un símbolo de la determinación de Francia durante muchos años.
Un vasto cementerio
En el terreno donde se llevaron a cabo los enfrentamientos
se construyó un memorial donde reposan mezclados los restos de miles de
soldados de los dos países que no pudieron ser identificados.
El campo de batalla es en realidad un vasto cementerio ya
que los restos mortales de más de 100.000 combatientes que faltan todavía son
heterogéneos de metro donde sea que se cayó. A día de hoy siguen siendo
descubiertos por el Servicio Forestal francés que los remite al osario de
Douaumont donde encuentran un lugar de descanso final.
Las bajas francesas militares en Verdun, en 1916, se
registran como: 371.000 hombres, entre ellos 60.000 muertos, 101.000
desaparecidos y 210.000 heridos. El Total de las pérdidas alemanas en Verdún,
entre febrero y diciembre de 1916, se registran 337.000 hombres. Las
estadísticas también confirman que al menos el 70% de las bajas Verdun en ambos
lados fueron el resultado de fuego de artillería. El consumo de munición por la
artillería en Verdún, entre el 21 de febrero y 30 de septiembre en Verdún,
ascendieron a 23,5 millones de proyectiles. La mayoría de ellos (16 millones de
proyectiles) fueron despedidos por los franceses, 75 baterías que se alinearon
alrededor de 1000 armas de fuego en el campo de batalla. fuentes de documento
alemanes señalan que su artillería (sin contar a la artillería francesa) lanzó
21 millones de proyectiles.
Batalla del Somme
La Batalla del Somme de 1916 fue una de las más largas y
sangrientas de la Primera Guerra Mundial, con más de un millón de bajas entre
ambos bandos. Las fuerzas británicas y francesas intentaron romper las líneas
alemanas a lo largo de un frente de 40 km al norte y al sur del río Somme, en
el norte de Francia. El principal propósito de la batalla era distraer a las
tropas germanas de la Batalla de Verdún; sin embargo, las bajas de la batalla
del Somme terminaron siendo superiores a las de esta última.
La batalla es recordada principalmente por su primer día, 1
de julio de 1916, en el que los británicos sufrieron 57.740 bajas, de las
cuales 19.240 fueron mortales. Constituye la batalla más sangrienta en la
historia del Ejército Británico.
Igualmente terrible fue la batalla para el Ejército Alemán,
descrita por uno de sus oficiales como "la tumba de barro del ejército en
campaña". Cuando acabó la batalla, ambos bandos habían comprobado hasta
qué punto podía ser mortífera la guerra moderna. La suma importancia del Somme
en el devenir posterior de la guerra queda reflejada en las palabras del
oficial e historiador británico James Edmonds: "No es demasiado arriesgado
decir que las bases de la victoria final en el Frente Occidental fueron sentadas
por la ofensiva de 1916 en el Somme."
Los planes maestros estaban todavía empezando a tomar forma
cuando los alemanes atacaron por sorpresa Verdún el 21 de febrero de 1916. Esto
obligó a los franceses a centrar sus esfuerzos en la defensa de la ciudad, disminuyendo
el número de tropas que podían aportar al nuevo frente del Somme y cediendo,
por tanto, el papel protagonista en éste a los británicos.
A finales de diciembre de 1915, el General Douglas Haig
sucedió a John French como Comandante en Jefe de la Fuerza Expedicionaria
Británica (FEB). Haig proyectó entonces una gran ofensiva de las fuerzas
británicas sobre Flandes con el fin de expulsar a las fuerzas germanas de la
costa belga y dificultar así las acciones de los U-Boot alemanes sobre los
barcos de suministros aliados que cubrían la ruta entre Gran Bretaña y
Normandía. Para que esta operación diese comienzo era necesario conseguir
previamente la autorización del gobierno francés, ya que la ofensiva se
realizaría desde su territorio. El visto bueno fue otorgado por el General
Joseph Joffre en enero de 1916, pero tras nuevas discusiones durante el mes de
febrero, se decidió cambiar la operación inicial por otra conjunta
franco-británica en el valle del río Somme, situado en la región francesa de
Picardía. El lugar fue escogido por servir de conjunción a las líneas francesas
y británicas, cuya unión debería arrollar las líneas alemanas y asestar así un
golpe mortal a su ejército. Lo que los aliados no sabían es que el enemigo
había construido todo tipo de fortificaciones en la zona, tanto convencionales
como subterráneas, lo cual iba a hacer la invasión mucho más difícil de lo
esperado inicialmente.
En el caso de los británicos, las seis divisiones
desplegadas en Francia al comienzo de la guerra fueron prácticamente diezmadas
tras las batallas de 1914 y 1915. Fue necesario, por tanto, enviar nuevos
regimientos que constituyesen el grueso de las tropas de la futura ofensiva, en
su mayor parte reclutados entre los voluntarios de la Territorial Force y el
Ejército de Kitchener (llamado así porque se formó bajo los auspicios del
Secretario de Estado de Guerra británico, Horatio Kitchener), que había
empezado a constituirse en agosto de 1914.
Para mediados de 1916, el azote de los Fokker E.I alemanes
había sido neutralizado y los Royal Flying Corps (10 escuadrones con 185
aviones frente a 129 aeronaves alemanas) habían conseguido la supremacía sobre
el espacio aéreo del Somme. Los británicos también se las ingeniaron para
detectar desde el aire la artillería alemana, ya fuera por medio de aviones o
globos, mientras evitaban con éxito que el enemigo hiciera lo mismo con sus
propias defensas. No sería hasta septiembre cuando se inclinaría de nuevo la
balanza en favor del bando alemán, debido a la incorporación de nuevos
aeroplanos de diseño más moderno.
El primer día en el Somme
El primer día de la batalla fue precedido por una semana de
bombardeos preliminares con la artillería, en los cuales los británicos
dispararon alrededor de un millón y medio de granadas. También se habían cavado
diez galerías por debajo de las trincheras y puntos estratégicos del frente
alemán, que fueron rellenadas con explosivos; las tres mayores contenían
alrededor de 20 toneladas cada una.
Los primeros combates se produjeron a las 07:30 de la mañana
del 1 de julio de 1916. Diez minutos antes de esto, se detonó la carga
explosiva de la primera galería y para las 07:28 ya habían explotado todas
salvo una. El campo de batalla se silenció entonces súbitamente, mientras la
artillería intentaba localizar la próxima línea de objetivos.
La infantería iba cargada con 32 kg de equipo y se la había
instruido para que formara en filas uniformes y avanzara a velocidad de paso.
En otros casos, las unidades se habían adentrado en la tierra de nadie con la
intención de tomar las trincheras alemanas tan pronto como cesara la caída de
proyectiles. A pesar del bombardeo masivo, muchos de los defensores alemanes
habían sobrevivido en los refugios más protegidos y estaban en perfectas
condiciones de infligir un daño considerable a la vulnerable infantería de los
asaltantes.
Al norte de la calzada que unía Albert con Bapaume, el
avance fue un completo fracaso desde el mismo comienzo. En unos pocos lugares
los atacantes consiguieron penetrar en la primera línea de trincheras del
frente alemán e incluso en la segunda de apoyo, pero en todos los casos su
número era demasiado bajo como para resistir los contraataques. En cuanto los
alemanes abrieron fuego sobre la tierra de nadie, tanto la llegada de refuerzos
como el movimiento de información sobre el campo de batalla se convirtieron en
misiones imposibles.
Esto último se veía agravado porque las comunicaciones eran
del todo inadecuadas para un campo de batalla de este tipo, por lo que los
oficiales desconocían prácticamente todo lo relacionado con el progreso de la
batalla. Un informe erróneo que aseguraba que la 29ª División había tenido
éxito en Beaumont-Hamel provocó que se ordenara marchar en su apoyo a la
brigada de reserva, que en este caso era el I Regimiento de Terranova. Éste fue
incapaz de alcanzar la primera línea de trincheras, por lo que avanzó desde la
trinchera de reserva y fue destrozado con suma facilidad antes de que cruzara
la línea de frente. Las bajas ascendieron al 91%, lo que le convirtió en el
segundo batallón más dañado en el transcurso del día.
El avance británico sobre la carretera de Albert-Bapaume fue
igualmente fallido, a pesar de la detonación de dos galerías en
Ovillers-la-Boisselle. Otra acción con resultado trágico fue la de la Brigada
Irlandesa de Tyneside, perteneciente a la 34ª División Británica, que comenzó
su avance a 1,5 km de las líneas alemanas de forma perfectamente visible para
las ametralladoras de los defensores, lo que le valió ser destruida antes
incluso de alcanzar la propia primera línea británica.
Al sur de la carretera, en cambio, los franceses y
británicos consiguieron grandes éxitos gracias a que en este lado las defensas
alemanas eran relativamente débiles y la artillería francesa contaba con muchos
más efectivos y experiencia que la británica. Se lograron todos los objetivos
del primer día situados entre Montauban y el Somme y al sur del río incluso se
consiguió avanzar más de lo inicialmente previsto.
Consecuencias del primer día
A las 22:00 horas, el comandante del IV Ejército Británico,
Teniente-General Henry S. Rawlinson, ordenó que se reanudaran los combates.
Debido a la confusión generalizada y las pobres comunicaciones, los mandos
británicos tardaron algunos días en darse cuenta de la escala del desastre.
Haig ordenó entonces al también Teniente-General Hubert Gough que tomara el
mando sobre el sector norte, mientras el IV Ejército hacía lo propio con el
sur. Gough, sin embargo, se dio cuenta del catastrófico estado de las tropas y
rechazó la idea de reanudar inmediatamente las operaciones ofensivas, que no
volverían a ponerse en marcha hasta el 3 de julio.
Los mandos británicos ignoraban igualmente las oportunidades
que se les brindaban al sur de la carretera de Albert-Bapaume, donde habían
conseguido algunos éxitos parciales. Actualmente se sabe que entonces había
quedado abierto un agujero considerable en las defensas alemanas desplegadas
entre Ovillers (situada junto a la carretera) y Longueval. El 3 de julio, una
patrulla de reconocimiento perteneciente a la 18ª División Oriental Británica
incluso se adentró cerca de 3 km en territorio ocupado sin encontrar una
resistencia real por parte de los alemanes. Sin embargo, la oportunidad se
perdió por la falta de recursos necesarios por parte de los británicos para
explotarla, lo que permitió a los alemanes sellar poco tiempo después el
pasillo abierto por los explosivos aliados.
El bosque de Mametz se encontraba todavía vacío el 3 de
julio y no fue hasta el día siguiente cuando las tropas alemanas lo reocuparon.
Seguirían dos intentos infructuosos por parte de los aliados antes de que
pudiesen conquistarlo de forma definitiva el día 10. Los bosques de Bazentin y
Elville, totalmente vulnerables tras el fin del primer día, costarían un gran
número de vidas cuando intentasen tomarse más de un mes después, entre agosto y
septiembre.
: Durante las dos primeras semanas de lucha, la batalla se
redujo a una serie de pequeñas acciones sin relación entre sí mientras se
preparaba una de mayor envergadura. Entre el 3 y el 13 de junio, sólo el IV
Ejército de Rawlinson llevó a cabo 46 de estas "acciones" que le
reportaron 25.000 bajas, sin que se produjera el menor avance. Estos resultados
mostraban a las claras una diferencia abismal entre la estrategia puesta en
práctica por los británicos y la de sus colegas franceses, y fue causa de no
pocos roces entre ambos aliados. Mientras que Haig pretendía mantener una
presión constante sobre el enemigo, Joffre y Foch apostaban por reservar sus
fuerzas mientras se preparaban para un golpe mayor. El plan de guerra británico
sólo consiguió una cierta victoria estratégica cuando Erich von Falkenhayn se
vio obligado a detener la ofensiva sobre Verdún el 12 de julio, con el fin de
redistribuir mejor sus fuerzas en el frente occidental y asegurarse así la
contención de la ofensiva en el Somme. Aunque los combates sobre Verdún se
seguirían produciendo hasta diciembre, serían ya los franceses quienes dictasen
realmente el curso de los mismos.
Por su parte, Fritz von Below se vio obligado a pedir
refuerzos para poder mantener el frente estable sobre el Somme, pues no podría
aguantar durante mucho tiempo combatiendo con una relación de fuerzas de 3 (y a
veces 4) contra 1. Las tropas alemanas se reorganizaron a partir del 19 de
julio, tomando Von Below el mando sobre el I Ejército desplegado en el sector
norte mientras Max von Gallwitz, recién llegado del frente rumano, se hacía
cargo del II Ejército en el sector sur. Gallwitz fue nombrado así mismo
comandante en jefe de todos los ejércitos desplegados en el Somme.
Los primeros refuerzos alemanes ya habían comenzado a afluir
hacia el Somme el 2 de julio, cuando llegaron 7 divisiones, a las que se
unieron otras 7 durante la semana siguiente. Entre julio y agosto, los alemanes
habían dispuesto ya 35 divisiones extra en la línea de defensa frente a los
británicos y 7 en la de los franceses. A finales del segundo mes sólo
permanecía una división en reserva.
Los británicos tenían la esperanza de que los refuerzos
alemanes provinieran de otros frentes cercanos. Con el fin de complicar el
movimiento de los mismos, el ejército británico realizó un gran número de
ataques furtivos y acciones de escasa entidad a todo lo largo de la línea de
frentes. La operación de mayor magnitud (y peores resultados) fue la Batalla de
Fromelles (19-20 de julio), en el Artois, que se saldó con 7.080 bajas entre
los soldados británicos y australianos sin que se capturara porción alguna de
terreno ni se sacara ningún provecho del movimiento de tropas alemanas desde el
Artois al Somme.
Batalla de Bazentin en Somme
El 14 de julio (Aniversario de la toma de la Bastilla), el
IV Ejército se encontró preparado para reanudar la ofensiva en el sector sur.
Lo que posteriormente sería conocido como la Batalla de Bazentin tenía como
propósito la captura de la segunda línea de defensa alemana situada entre
Pozières, en la carretera de Albert-Bapaume, y los pueblos de Guillemont y
Ginchy. El grueso del ataque se concentró en las poblaciones de Bazentin le
Petit, Bazentin le Grand y Longueval, todas ellas junto al bosque de Elville.
Más lejos, al otro lado de la línea de colinas, se encontraba el bosque alto de
Bazentin.
Existe un gran contraste entre la preparación y ejecución de
este ataque y el que tuvo lugar el 1 de julio. La ofensiva de Bazentin fue
iniciada por cuatro divisiones que avanzaron a lo largo de un frente de 4,5 km
a partir de las 03:25 de la madrugada, después de que la artillería aliada
abriera fuego por sorpresa sobre las líneas alemanas y mantuviera el bombardeo
durante 5 minutos. La marcha fue encabezada por la 21ª División, que se dirigió
en línea recta hacia Bazentin le Petit a través de la tierra de nadie, pero
siempre manteniéndose bajo la protección de la artillería amiga. Ésta, mientras
tanto, bombardeaba de forma constante el terreno situado justo en el avance de
la infantería, formando una cortina de humo y barro que eliminó la escasa
visibilidad que se podía encontrar durante la noche y al alba, e impidió que
los alemanes pudiesen localizar las tropas contrarias. Esto permitió a la 7ª
División tomar 3 complejos de trincheras alemanas junto al bosque de Bazentin
le Grand, desde donde se dirigió hacia Bazentin le Petit junto con la 21ª
División. Este pueblo cayó hacia las 9.00 de la mañana.
Esta primera fase exitosa concluyó a media mañana con la
toma de todos los objetivos planeados y una nueva abertura en las defensas
alemanas, pero al igual que el 1 de julio, los británicos fueron incapaces de
explotar esta ventaja como era debido. El siguiente movimiento fue una carga de
caballería (la primera de la batalla) formada por la 7ª Guardia de Dragones y
el 2º de Caballería del Deccán, que intentó conquistar el bosque alto. Esta
posición podía haber sido tomada por la infantería a primera hora de la mañana,
pero cuando la caballería estuvo preparada para hacerlo los alemanes ya habían
tenido tiempo de reorganizarse y opusieron una encarnizada resistencia. Aunque
los jinetes consiguieron adentrarse en el bosque durante la noche del 14 de
julio, no pudieron hacerse con el control total del mismo y tuvieron que
evacuarlo al día siguiente.
Los combates en este bosque, así como en el de Elville y en
torno a Longueval, se prolongaron durante varios días. En la noche del 22 al 23
de julio Rawlinson lanzó un nuevo ataque a gran escala, que falló debido a que
los alemanes habían desarrollado una nueva estrategia de defensa más flexible,
que pudo sobreponerse a los ataques de la artillería británica.
La guerra de desgaste: agosto y septiembre
El propio Haig reconocía a principios de agosto que las
perspectivas de lograr sobrepasar por completo las líneas alemanas en un plazo
corto eran bastante improbables. Los alemanes habían terminado de reorganizarse
y ya no serían cogidos de nuevo por sorpresa. En medio de este panorama, los
británicos prosiguieron con sus pequeñas acciones deslocalizadas de forma
continua, en espera de la próxima ofensiva. El 29 de agosto Erich von
Falkenhayn fue cesado como Jefe del Estado Mayor alemán y sustituido por Paul
von Hindenburg, quien designó al General Erich Ludendorff como su segundo al
mando. Hindenburg y Luddendorff, descontentos con la manera en que Falkenhayn
había llevado el frente occidental en general, decidieron emplear una
estrategia defensiva totalmente nueva. El 23 de septiembre dio comienzo la
construcción de un vasto complejo defensivo denominado Siegfried Stellung
("Posición de Sigfrido", no confundir con la Línea Sigfrido
construida en los años 30 por el régimen de Adolf Hitler), más conocido por el
nombre de Línea Hindenburg que le dieron los aliados.
Mientras tanto, la lucha proseguía en los bosques del área
de Bazentin. El límite entre las líneas francesas y las británicas se
encontraba al sureste del bosque de Elville, frente a los pueblos de Guillemont
y Ginchy. Éstos permanecían ocupados por los alemanes e imposibilitaban el más
mínimo avance de los aliados en la zona, que aquí seguían prácticamente en las
mismas posiciones que el 1 de julio. El progreso en este frente pasaba por
tanto por la ocupación de ambas localidades.
El primer intento aliado de capturar Guillemont fue
realizado por tropas británicas el 8 de agosto, sin éxito. Le siguió otra
operación mayor en la que participaron varias divisiones británicas y
francesas, que no consiguieron grandes resultados hasta el 3 de septiembre,
cuando la plaza fue finalmente rendida. Ginchy cayó 6 días más tarde, siendo
ocupada por la 16ª División Irlandesa. Por su parte, los franceses también
progresaron de forma significativa hasta reunirse con sus colegas británicos
cerca de Combles, poco después de la ocupación de Ginchy.
El frente se convirtió así en una línea recta desde la
granja Mouquet al noroeste hasta Combles al suroeste, facilitando el uso de la
artillería de apoyo y permitiendo por tanto a los aliados la realización de un
nuevo ataque a gran escala. Lamentablemente, esta ventaja se vio reducida
debido al gran número de bajas producidas en el IV Ejército: cerca de 82.000
hombres perdidos en 90 acciones de combate (de las que sólo cuatro eran
ofensivas generales) a cambio de un progreso de poco más de 900 m. Un resultado
aún más catastrófico que el del 1 de julio.
Llegan los tanques
El último gran intento aliado de romper las líneas alemanas
se produjo el 15 de septiembre en la Batalla de Flers-Courcelette. La ofensiva
fue realizada por once divisiones británicas (nueve del IV Ejército y dos de la
reserva formada por soldados canadienses) a las que se unieron posteriormente
cuatro destacamentos franceses.
Flers-Courcelette es recordada hoy en día especialmente por
ser el primer combate en que participó la nueva arma secreta británica, el
carro de combate (conocido también por el nombre en clave de la época, tanque).
Al contrario que los modelos actuales, los primeros tanques eran vehículos
extremadamente lentos (3,2 km/h) y armados con dos cañones menores similares a
los de la artillería convencional. Más que capacidad ofensiva, lo que se había
demandado durante su construcción era protección contra las mortíferas
ametralladoras alemanas y movilidad en un terreno plagado de trincheras,
alambradas de espino y cráteres de impacto. Capacidad, en definitiva, para
encabezar el asalto a las líneas enemigas mientras la infantería se protegía
detrás suyo.
Sin embargo, los tanques no fueron tan fiables como en
principio pudiera parecer, ya que seguían siendo vulnerables a la artillería
pesada, sufrían constantes fallos mecánicos y quedaban prisioneros de los
obstáculos más grandes. De hecho, sólo 21 de los 49 tanques disponibles el 15
de septiembre de 1916 llegaron a entrar en combate, y la decisión de usarlos le
valió no pocas críticas a Douglas Haig, a quien se acusó de mostrar el arma
secreta demasiado pronto como para elevar su rendimiento hasta límites más
aceptables.
A pesar de esto, el impacto (tanto psicológico como real)
sobre las filas alemanas y el curso de la guerra fue notorio. La recién llegada
41ª División, apoyada por el tanque D-17, capturó la población de Flers,
mientras que la División Neozelandesa del XV Cuerpo Británico hacía lo propio
con las líneas alemanas situadas junto a la ciudad. En el flanco izquierdo, la
2ª División Canadiense tomó Courcelette tras una dura batalla en la que también
participaron tanques. Y finalmente, los carros de combate posibilitaron
asimismo la captura definitiva del bosque alto de Bazentin, aunque fuese de
forma indirecta: los vehículos no pudieron penetrar entre la densa masa de
árboles, pero al cumplir sus objetivos en los laterales del bosque, forzaron a
los alemanes a retirarse de él por miedo a quedar acorralados, permitiendo así
su ocupación por parte de la 47ª División Londinense. Tras varios meses
empantanados, los soldados aliados conseguían en unos pocos días la captura de
más de 4 km de la tercera línea alemana, si bien es cierto que no se lograron
todos los objetivos planeados. El Cuadrilátero, una posición fortificada al
este de Ginchy, fue capturado el 18 de septiembre y el 25 de ese mes cayeron
las poblaciones de Gueudecourt, Lesbœufs y Morval, esta vez sin la
participación de los carros de combate.
Fase final
El Ejército de Reserva de Gough lanzó el 26 de septiembre
una nueva ofensiva de gran magnitud sobre la fortaleza alemana de Thiepval. La
18ª División Oriental, que ya había sobresalido en la ofensiva del 1 de julio,
se destacó capturando la mayor parte de Thiepval en un sólo día. Mientras la
granja Mouquet caía en manos de la 11ª División Norteña, los canadienses
avanzaron alrededor de un km desde Courcelette.
Siguió entonces un periodo conocido como la batalla de los
altos de Ancre que duró desde el 1 de octubre al 11 de noviembre, en el cual no
se produjeron avances y la batalla se convirtió nuevamente en una sangrienta
guerra de desgaste. A finales de octubre, las tropas de Gough fueron
convertidas en el V Ejército Británico.
Iniciada el 1 de octubre, la Batalla de Le Transloy se
ralentizó cuando el tiempo empeoró súbitamente y cayeron fuertes
precipitaciones, convirtiendo el castigado campo de batalla en un barrizal. Con
la excepción de la captura de Le Sars el 7 de octubre, no hubo progresos
apreciables y los combates sólo reportaron un continuo goteo de bajas. El
estertor final de la batalla llegó el 5 de noviembre con un ataque fallido en
el precipicio de Warlencourt. En lo relativo al IV Ejército, las operaciones
mayores en el conjunto de la Batalla del Somme habían cesado de nuevo.
El último acto de la Batalla del Somme fue representado
entre el 13 y el 18 de noviembre, a lo largo del río Ancre, que discurre al
norte de Thiepval. La decisión de Haig de atacar se debía más a razones
políticas que militares, pues con la llegada del invierno la remota posibilidad
de romper el frente había desaparecido. En realidad, lo que Haig esperaba era
conseguir una victoria (aunque fuese menor) de la que poder presumir ante los
mandos franceses, con quienes se iba a reunir de nuevo en Chantilly el 15 de
noviembre.
Los primeros movimientos de la Batalla de Ancre fueron
básicamente una reproducción de los del 1 de julio, incluso con la detonación
de dos galerías subterráneas en la cresta de Hawthorn y en Beaumont Hamel. La
31ª División atacó de nuevo Serre, al igual que lo había hecho cuatro meses y
medio antes, y cosechó los mismos resultados negativos. Al sur de Serre, sin embargo,
la experiencia de las tropas se tradujo en la consecución de la mayoría de los
objetivos. La 51ª División de las Tierras Altas tomó Beaumont Hamel, mientras
que a su derecha la 63ª Real División Naval capturaba Beaucourt (lo que le
valió al Teniente-Coronel Bernard Freyberg una Cruz Victoria). Al sur, el II
Cuerpo de Ancre realizó también cierto progreso.
Haig se mostró satisfecho con este resultado, pero Gough
presionó en favor de un último ataque sobre las trincheras Frankfurt y Múnich y
la población de Grandcourt, que comenzó el 18 de noviembre. Noventa hombres de
la 16ª División de Infantería Ligera de las Tierras Altas (la llamada
"Brigada de los chicos de Glasgow") atacaron la trinchera Frankfurt,
que resistió hasta la rendición de los 45 ocupantes supervivientes (30 de ellos
heridos) el 21 de noviembre. Esta acción dio fin a la Batalla de Ancre y con
ella a la Batalla del Somme. Múnich y Grandcourt, sin embargo, permanecerían en
manos alemanas.
Resultados de la Batalla
Antes de la batalla, los alemanes relegaban al Reino Unido
al mero papel de potencia naval y no pensaban que las tropas británicas fuesen
muy difíciles de derrotar en tierra, al menos no tanto como Francia y Rusia, a
quienes suponían sus enemigos más poderosos. Sin embargo, la importancia de los
británicos en las operaciones de la Triple Entente aumentó considerablemente a
partir de la Batalla del Somme y se reforzó aún más cuando estallaron motines
en el Ejército Francés y se desató la Revolución rusa en 1917. En
reconocimiento del peligro creciente que representaban los británicos, el
Estado Mayor Alemán inició una guerra submarina sin restricciones a partir del
31 de enero de ese año, con el fin de bloquear totalmente las Islas Británicas.
El hundimiento de barcos estadounidenses que llevaban suministros al Reino
Unido sería el causante de que Estados Unidos se sumase a la guerra, en el
bando de los aliados.
Al iniciarse 1916, el Ejército Británico era en su mayor
parte una masa de voluntarios sin experiencia, un "ejército de
ciudadanos" acudido a la llamada de Kitchener que encontró su primer
examen real en el Somme. Muchos de los soldados británicos que cayeron en la
batalla carecían totalmente de experiencia y por tanto, en términos generales,
no representaban una pérdida irreparable para las fuerzas armadas de su país.
En el caso alemán sucedía todo lo contrario, ya que su fuerza se fundamentaba
en tropas regulares y de reservistas bien entrenados y experimentados, por lo
que cada nueva baja supuso otra piedrecilla en la marcha de la maquinaria de
guerra germana. El propio Príncipe Coronado Ruperto de Baviera, comandante en
jefe alemán, declaró que "Lo que quedaba de la vieja infantería alemana de
primera clase entrenada durante la paz se ha liquidado en el campo de
batalla".
La Batalla del Somme, en definitiva, dañó al ejército alemán
sin reparo posible, que a partir de entonces se mostraría incapaz de reemplazar
sus bajas con soldados de la misma calidad que los que habían defendido su
terreno tenazmente durante la mayor parte de los enfrentamientos. Hacia el
final de la batalla, los ejércitos alemán y británico se habían reducido hasta
llegar a ser lo mismo: simples milicias.
Los mandos alemanes comprendieron que sus tropas no podrían
soportar nuevas batallas de desgaste como la del Somme. El 24 de febrero de
1917, el Ejército Alemán llevó a cabo una retirada estratégica desde el Somme
hacia la Línea Hindenburg, acortando así la línea de frente que hasta entonces
ocupaba. El terreno obtenido por la Entente tras esta maniobra fue mucho mayor
que el conseguido durante toda la batalla y, desde luego, con un coste de vidas
infinitamente menor. Cualquier efecto estratégico resultante de la Batalla del
Somme no puede oscurecer el hecho de que fue una de las mayores carnicerías de
la Primera Guerra Mundial.
La primera estimación aliada sobre el número de bajas en el
Somme se realizó durante la Conferencia de Chantilly del 15 de noviembre, donde
se estableció que habían resultado muertos, heridos o hechos prisioneros un
total de 485.000 británicos y franceses frente a 630.000 alemanes; este dato se
usaría más adelante para reclamar la Batalla del Somme como una victoria para
el bando aliado. Sin embargo, ya en su momento comenzó a desarrollarse cierto
escepticismo acerca de estas cifras y el sistema utilizado para calcularlas. Un
nuevo recuento, realizado tras el fin de la guerra, estableció las bajas
aliadas en 419.654 británicos y 204.253 franceses; un total de 623.907 hombres,
146.431 de los cuales constaban como muertos o desaparecidos.
Los números propuestos para las bajas alemanas son aún más
dispares. El historiador británico Sir James Edmonds defendió que las pérdidas
alemanas fueron de 680.000 hombres, mientras que de acuerdo a un informe del
British War Office éstas sólo serían 180.000. Hoy en día ambas estimaciones
están desacreditadas y tienden a aceptarse cifras de entre 465.000 y 600.000
caídos alemanes. En su biografía del General Rawlinson, Sir Frederick Maurice
se basó en documentos del Reichsarchiv para cifrar en 164.055 el número de
alemanes que resultaron muertos o desaparecidos.
Las mayores bajas por división (cada una de las cuales
formada por 10.000 soldados) en el sector británico son de entre 6.329 y 8.026
para las cuatro divisiones canadienses, 7.048 para la División Neozelandesa,
8.133 para las 43 divisiones británicas y 8.960 para las divisiones
australianas. La media de bajas por día del Imperio Británico durante la
Batalla del Somme fue de 2.943 hombres, mayor que la de la Batalla de
Passchendaele, pero no tan grande como la cosechada en la Batalla de Arras
(4.076 bajas por día) o en la Ofensiva de los Cien Días de 1918 (3.685 por
día). Los Royal Flying Corps perdieron 782 aviones y 576 pilotos durante la
batalla.
El 1 de junio de 2006 el Chicago Tribune informó que 386
soldados británicos habían sido fusilados tras ser acusados de
"cobardía" durante la batalla. Muchos de estos casos podrían ser
explicados como resultado de un trastorno por estrés postraumático, a juzgar
por varios síntomas registrados en los informes de la época. Debido a ello,
muchos de los descendientes de los ejecutados han reclamado sin éxito al
Gobierno Británico que pida perdón públicamente por estos hechos.
Frente Oriental
El ejército ruso logró algunas victorias frente a los
austro-húngaros, pero fueron detenidos por los alemanes en su intento de
invadir Prusia Oriental. En noviembre de 1914, el Imperio Otomano entró en la
guerra, lo que significó la apertura de distintos frentes en el Caúcaso,
Mesopotamia y el Sinaí. Italia y Bulgaria se unieron a la guerra en 1915,
Rumania en 1916 y Estados Unidos en 1917.
La Batalla de Tannenberg
La Batalla de Tannenberg de 1914 enfrentó a los Imperios
Ruso (I y II Ejércitos) y Alemán (VIII Ejército) al comienzo de la Primera
Guerra Mundial. Este enfrentamiento resultó ser uno de los más decisivos
enfrentamientos de toda la Guerra, y tuvo lugar del 26 al 30 de agosto de 1914.
La batalla tuvo como consecuencia la casi total aniquilación
del II Ejército, y una serie de batallas inmediatamente posteriores destruyeron
la mayor parte del I Ejército también, lo cual dejó a los rusos tambaleantes
hasta la primavera de 1915. Este enfrentamiento es notable por la rápida
movilización de tropas alemanas por tren, lo cual permitió a un solo ejército
presentar un único frente de batalla contra un ejército ruso mayor.
El plan de batalla Aliado anterior a la guerra consistía en
que Francia y el Reino Unido demorasen a los alemanes en el Frente Occidental
mientras enormes ejércitos rusos eran organizados y transportados hasta el
frente. Las cifras eran sobrecogedoras: en quizás un mes, más o menos, los
rusos podrían reunir aproximadamente diez ejércitos, más tropas que las que los
alemanes poseían en ambos frentes combinados. Sin embargo, al tiempo de la
Batalla de Tannemberg, la razón real entre tropas rusas y alemanas era 1,9 a
1,6.
El principal problema del mencionado plan era la falta de un
sistema adecuado de vías en Rusia. Además, los trenes rusos operaban con un
ancho de vías distinto al de los alemanes, lo cual significaba que, a menos que
los rusos de alguna forma adquiriesen vagones alemanes, sus tropas sólo podrían
ser transportadas en tren hasta la frontera rusa. La amenazante presencia de tropas
austrohúngaras al sur, como también, inicialmente, la de tropas japonesas al
este limitaron el desempeño ruso al comienzo. Aun así, los rusos veían a los
alemanes como su principal amenaza, y habían trazado un plan para hacerse con
Prusia Oriental rápidamente.
Los alemanes, por su parte, también consideraban que el
Imperio ruso era su principal amenaza. Todo el Plan Schlieffen se basaba en la
idea de derrotar a Francia y Gran Bretaña lo más rápido posible, para entonces
transportar sus tropas por tren hacia el este, al Frente Oriental. Esto
permitió a los alemanes guarnecer Prusia más bien ligeramente, con un sólo
ejército, el VIII, mientras que el IX permanecía en Alemania Central con el fin
de reforzar cualquiera de los dos frentes, según la necesidad del momento. De
acuerdo con esto, no se podía hacer mucho más que acciones retardadoras en este
frente mientras se decidía la suerte en el Frente Occidental. Con el propósito
de retrasar a las tropas rusas el mayor tiempo posible, toda el área alrededor
de Königsberg, cerca de la frontera con Rusia, fue fuertemente fortificada con
trabajos de campo.
Poco antes del estallido de la guerra, la situación se
desarrolló en gran medida como se había planificado. El VIII Ejército alemán
estaba estacionado al sureste de Königsberg, mientras que los dos ejércitos
rusos disponibles estaban al este y al sur, estando el anterior en lo que se
conocía como "La saliente polaca". Los planes de guerra rusos
requerían un avance inmediato del I Ejército al mando del general Paul von
Rennenkampf dentro de Prusia Oriental, con Königsberg como su meta a corto
plazo. El II Ejército, bajo el general Alexander Samsonov, al sur, se movía
hacia el oeste alrededor de los Lagos de Masuria, para entonces virar al norte
a una zona con numerosas elevaciones para romper las líneas alemanas, quienes
para ese punto estarían forzadas a defender el área alrededor de Königsberg. Si
el plan se llevaba a cabo de forma exitosa, los alemanes se hubieran visto
rodeados.
La batalla
Al amanecer del 26 de agosto, el I Ejército ruso avanzó
hacia el Oeste, a Königsberg, encontrando poco resistencia inicial, pues las
tropas alemanas habían sido desplazadas al Sur, frente al ala derecha del II
Ejército ruso. Fue allí donde comenzó la batalla propiamente dicha, cerca de
Seeburg y Bischofstein, con resultado victorioso para los alemanes, que
forzaron a retroceder a los rusos hacia la frontera. Entretanto, el ala
izquierda rusa era bloqueada en su avance a Tannenberg por otro cuerpo de
ejército alemán.
El día 27, François atacó el ala izquierda rusa. Gracias al
apoyo de su potente artillería, al anochecer los rusos estaban huyendo. Para
estabilizar su línea, Samsonov ordenó parar el avance a Tannenberg de las
fuerzas de Rennenkampf y mandó que éste girara al sudoeste para contraatacar en
Tannenberg, en donde se había juntado el grueso del Segundo Ejército.
Al atardecer del 28 de agosto, Samsonov, ante la precaria
situación de sus fuerzas, hubo de ordenar una retirada al sudeste para tratar
de reorganizarse. Pero era demasiado tarde: entretanto François ya había
avanzado más al este para formar una línea al sur de los rusos, que les cortaba
la retirada, formando así un bolsillo que rodeó a los rusos al este de
Tannenberg, que fue bombardeado constantemente por la artillería durante el 29
de agosto.
Los intentos del I Ejército ruso para ayudar llegaron tarde:
la caballería alemana les retrasó lo bastante para impedirlo, haciendo que sus
líneas quedasen demasiado alargadas. Para cuando acabó el 30 de agosto, el II
Ejército de Samsonov había quedado aniquilado, con 92000 soldados prisioneros,
78000 heridos o muertos y sólo 10000 supervivientes. Los alemanes sufrieron
menos de 20000 bajas y capturaron más de 500 cañones. Entre los muertos estaba
el propio Samsonov, que se había disparado un tiro en la cabeza el 29 de agosto
de 1914.
La batalla de Tannenberg fue seguida pocos días después por
la batalla de los Lagos Masurianos, que supuso la expulsión de los rusos de
territorio alemán. No obstante, estas dos batallas no supusieron un cambio
drástico en el rumbo de la guerra, pues simultáneamente los rusos habían
obtenido una gran victoria frente a Austria-Hungría en Lvov, la cual forzó a
los alemanes a correr en su ayuda.
Por otra parte, el gran éxito obtenido disparó el prestigio
tanto de Hindenburg como de Ludendorff y preparó el camino para la ascensión de
este último a la cima del poder efectivo, convirtiendo así el gobierno alemán
en una auténtica dictadura militar.
Otras batalla del Frente Oriental
Luego de Tannenberg se libró la batalla de los lagos
Masurianos del 6 al 15 de septiembre de 1914. Los rusos sufrieron grandes
derrotas en los dos casos y fueron obligados a replegarse. Los comandantes
alemanes en esta exitosa campaña defensiva fueron Paul von Hindenburg y Erich
Ludendorff.
Austria-Hungría, en cambio, no pudo repeler la invasión de
Galitzia. En junio de 1916 tiene éxito una ofensiva rusa, dirigida por el
general Alexéi Alexéievich Brusílov, que se interna en las líneas
austrohúngaras. Regimientos enteros se pasaron a las filas rusas, demostrando
la fragilidad del Imperio austrohúngaro. Motivada por esta circunstancia,
Rumanía declara la guerra a los Imperios Centrales, pero es fácilmente
derrotada y ocupada por los alemanes, lo que compromete aún más la posición rusa.
El Imperio de los Romanov no volvería a intentar ninguna ofensiva de relevancia
en el resto de la contienda.
Alemania pasó a la ofensiva y conquistó el golfo de Riga,
destruyendo o capturando a buena parte de los contingentes rusos. El frente
oriental estuvo en constante movimiento y no conoció la guerra de trincheras.
La caballería jugó aún cierto papel en esta guerra de movimientos.
Otros frentes
Si bien los principales esfuerzos de los beligerantes se
concentraron en los frentes occidental y oriental, la guerra se libró con mayor
o menor intensidad en distintas partes del globo. Se combatió en los Balcanes,
en los Dardanelos, en Oriente Medio, en el Cáucaso, en los Alpes italianos, en
África, en Extremo Oriente, en el Pacífico y en el Atlántico.
Guerra de trincheras y desgaste
Tras años de relativo estancamiento, la guerra empezó su
desenlace en marzo de 1917 con la caída del gobierno ruso tras la Revolución de
Febrero y a la firma de un acuerdo de paz entre la Rusia revolucionaria y las
Potencias Centrales tras la célebre Revolución de Octubre en marzo de 1918. El
4 de noviembre de 1918, el Imperio Austro-Húngaro solicitó un armisticio. Tras
una gran ofensiva alemana a principios de 1918 a lo largo de todo el Frente
Occidental, los Aliados hicieron retroceder a los alemanes en una serie de
exitosas ofensivas. Alemania, en plena revolución, solicitó un armisticio el 11
de noviembre de 1918, poniendo fin a la guerra con la victoria aliada.
Tras el fin de la guerra, cuatro grandes imperios dejaron de
existir, el alemán, ruso, austro-húngaro y otomano. Los Estados sucesores de
los dos primeros perdieron una parte importante de sus antiguos territorios,
mientras que los dos últimos se desmantelaron. El mapa de Europa y sus
fronteras cambiaron completamente y varias naciones se independizaron o se
crearon. Al calor de la Primera Guerra Mundial también se fraguó la Revolución
rusa, que concluyó con la creación del primer Estado autodenominado socialista
de la historia, la Unión Soviética. Se fundó la Sociedad de Naciones, con el
objetivo de evitar que un conflicto de tal magnitud se volviera a repetir. Sin
embargo, dos décadas después estalló la Segunda Guerra Mundial.
Tratados de paz
Tras el conflicto, se firmaron varios tratados de paz por
separado entre cada uno de los vencidos y todos los vencedores, con excepción
de Rusia, que había abandonado la guerra en 1917. Al conjunto de estos tratados
se le conoce como La Paz de París (1919-1920).
Versalles: Firmado el 28 de junio de 1919 entre los aliados
y Alemania. El antiguo territorio del Imperio alemán fue cortado en dos por el
Corredor polaco, desmilitarizado, confiscadas sus colonias, supervisado,
condenado a pagar enormes compensaciones —que terminó de satisfacer casi un
siglo después, en 2010—26 y tratado como responsable del conflicto. Este
tratado produjo gran amargura entre los alemanes y fue la semilla inicial para
el próximo conflicto mundial. Con este tratado también fue creada la Sociedad
de Naciones.
Saint-Germain-en-Laye: Firmado el 10 de septiembre de 1919
entre los aliados y Austria-Hungría. En este tratado se establecía el
desmembramiento de la antigua monarquía de los Habsburgo, el Imperio
Austrohúngaro, y Austria quedó limitada a algunas zonas en las que se hablaba
solamente el alemán.
Sèvres: Firmado el 10 de agosto de 1920 entre el Imperio
Otomano y los aliados (a excepción de Rusia y Estados Unidos). El Tratado
dejaba a los otomanos sin la mayor parte de sus antiguas posesiones, limitando
sus territorios a Constantinopla y parte de Asia Menor.
Trianon: Acuerdo impuesto a Hungría el 4 de junio de 1920
por los aliados, en el que se dictaminó la entrega de territorios a
Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia.
Neuilly: Firmado el 27 de noviembre de 1919 en
Neuilly-sur-Seine (Francia) entre Bulgaria y las potencias vencedoras. De
acuerdo con lo estipulado en el tratado, Bulgaria reconocía el nuevo Reino de
Yugoslavia, pagaba 400 millones de dólares en concepto de indemnización y
reducía su ejército a 20.000 efectivos. Además, perdía una franja de terreno
occidental en favor de Yugoslavia y cedía Tracia occidental a Grecia, por lo
que quedaba sin acceso al Mar Egeo.
Recuerdos del atentado que encendió la mecha del conflicto
Con motivo del centenario, un museo de Viena muestra a
partir de hoy las prendas ensangrentadas de los herederos del Imperio
Austro-Húngaro, la primera sangre derramada en ese conflicto.
El uniforme militar y la camisa interior empapada en sangre
del archiduque Francisco Fernando, así como el coche descapotable en el que
viajaba el heredero al trono austro-húngaro junto a su mujer Sofía, son las
piezas más importantes de una exposición permanente que se inaugura hoy el
Museo de Historia Militar de Viena (HGM).
Tras largos meses de renovación y casi cuatro millones de
euros invertidos, la exposición permanente dedicada a la Primera Guerra Mundial
cuenta con 2.000 piezas de enorme valor, entre las que se cuenta también la
pistola del asesino, Gavrilo Princip.
El lujoso vehículo Gräf & Stift descapotable en el que
viajaban los herederos se encuentra en su estado original y con el
cuentakilómetros en los 8500 kilómetros que marcaba cuando se produjo el
magnicidio que desencadenó la Gran Guerra que iba a poner fin al imperio
multinacional de los Habsburgo.
El descapotable nunca se volvió a utilizar desde aquel
aciago día, explicaron a Efe fuentes del museo. Se conserva intacto, sin que
siquiera se haya limpiado la tapicería de cuero, con la misma matrícula, A
III-118, y el estandarte imperial que lo decoraba. Una concatenación de errores
de seguridad, además de la mala suerte, propiciaron el magnicidio aquella
jornada.
En el atentado estuvieron involucrados seis nacionalistas
serbios y la pareja imperial logró sobrevivir a un primer ataque con una
granada lanzada por Nedeljko Cabrinovic, que rebotó contra el coche antes de
explotar.
Tras reponerse de lo sucedido, a Francisco Fernando no se le
ocurrió otra cosa que dirigirse a visitar a los heridos al hospital con su
comitiva de seis vehículos, con la mala suerte de que el chófer se despistó y
fue a parar frente a Princip, que asesinó a los herederos con su Browning de 9
milímetros.
Muerte inmediata
Francisco Fernando murió al poco de ser herido en el cuello
y su esposa Sofía, malherida en el abdomen, falleció más tarde en el hospital.
La abundante sangre vertida por el archiduque -el disparo le acertó en la
yugular- empapó su casaca y la camisa interior blanca, ahora marrón oscura y
exhibida en un cofre tras una vitrina.
De su esposa Sofía Chotek se conserva un pañuelo también con
restos de sangre, mientras que de su marido queda también el uniforme al
completo: un pomposo uniforme de gala de general de caballería, con guerrea
azul celeste, remates dorados y tocado por un bicornio coronado de plumas
verdes.
El resto de las renovadas salas del museo dedicado a la Gran
Guerra y sus casi diez millones de muertos muestran 2000 piezas que incluyen
uniformes y elementos de todos los ejércitos involucrados en el conflicto.
Entre las piezas se cuenta con un biplano alemán Albatros,
un cañón austro-húngaro de 80 toneladas capaz de disparar proyectiles de más de
700 kilos y que era uno de los más avanzados de su tiempo, o una parte en la
que se recrea incluso un tramo de trinchera.
Organizada de forma cronológica, la exposición comienza con
el atentado y acaba con la victoria aliada en 1918. La muestra ofrece
información sobre los distintos frentes, el papel de las mujeres en la guerra,
la aviación como nueva arma moderna, el destino de los prisioneros o la
medicina de época.
"Hemos renunciado de forma consciente a ofrecer una
lectura emocional y hemos elegido una presentación sobria", explicó a la
prensa el director del museo, Christian Ortner.
También se puede observar el fin de una época con la
irrupción de modernas técnicas de guerra y cómo evolucionaron los ostentosos
uniformes austro-húngaros, todo un símbolo del crepúsculo imperial.
Así se pasan de los vistosos atuendos de los dragones y ulanos
imperiales, con sus cascos con remates dorados y coronados con plumas o pelos
de caballo, o las pellizas de leopardo de algunos oficiales, más propias para
bailar un vals que para combatir, a los más prácticos uniformes grises o
marrones.
¿Hubiera cambiado algo si el atentado no se hubiera
producido, o si hubiera fracasado?. Los historiadores coinciden en que la
dinámica de la guerra estaba ya en marcha y si esos asesinatos no hubieran
desencadenado la guerra otro incidente lo habría hecho.
También esa es la opinión de Carlos de Habsburgo, nieto del
último emperador Austro-húngaro, que asegura que cualquier otro
"incidente" hubiera desencadenado el conflicto. "Nadie tenía una
visión general para poder imaginarse el desastre de una guerra de las dimensiones
de la Primera Guerra Mundial", explicó recientemente a Efe en una
entrevista.

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